PÉRDIDAS PERDIDAS

Las pérdidas perinatales y gestacionales hoy en día siguen siendo invisibles. Toda pérdida conlleva un duelo y todo duelo tiene unas fases por las que hay que pasar para transitarlo de una forma sana y saludable. Una de esas fases es la negación, y ahí es donde está estancada la sociedad, negando una realidad con la que se encuentran muchas madres cada día. Obligando a las madres a fingir que no pasa nada, “ya vendrán más”.

Con las pérdidas perinatales, que son las cercanas al nacimiento, hay un mayor reconocimiento del dolor que puede sentir la familia con la pérdida, pero igualmente sobre el manejo en el momento de la pérdida o el respeto a las decisiones de la familia o sobre el reconocimiento de ese bebé que nace muerto, aún queda mucho por hacer y aprender.

En general, sobre todo en la sanidad pública, NO se dan opciones, una vez que se ha detectado la pérdida, no se le consulta a la madre cómo quiere manejar la pérdida, si de forma medicalizada o expectante, no puede pasar el padre para no estar sola en esos momentos tan duros en los que te están diciendo que has perdido a tu bebé, o cuando ya te están practicando la intervención, y además te suelen hacer comentarios del tipo “chica, ya tendrás otro”, “no es para tanto”, “hay cosas peores”. Pero lo peor es que fuera del ámbito sanitario, cuando ya estás rodeada de los tuyos, la situación no es mucho mejor.

En este punto nos encontramos con las pérdidas gestacionales, pero si esto lo extrapolamos al ámbito de la reproducción asistida, ¿con qué nos encontramos?

Parejas que cuando empiezan el proceso ya vienen de un desgaste anterior, mucho tiempo intentando tener hijos de forma natural, con lo que esto conlleva, la pérdida de ilusión, la sensación de “hacerlo cuando toca”. Llegan a la reproducción asistida con esperanzas de conseguir lo que tanto desean, y entran en una rueda de pruebas, tratamientos y diagnósticos, un proceso donde la frialdad y la mecanización imperan… y eso suele ser lo que más recuerdan.

Una de las cosas que más echan en falta las parejas que han pasado por este proceso es la atención psicológica desde el primer momento, ya que llegan con un importante desgaste anterior, hay un nivel de estrés y ansiedad bastante altos ante la posibilidad de no conseguir el ansiado “positivo”, y una vez conseguido de mantenerlo, y el proceso en sí es devastador, a nivel emocional y psicológico para la pareja y físico para la madre: punciones, estimulación hormonal, la espera hasta saber el resultado… Y mientras transcurre el proceso, desgraciadamente en la mayoría de los casos, se van acumulando las pérdidas: si no se implanta el embrión, si una vez implantado se para, o las reducciones selectivas fetales en caso de FIV de varios embriones etc. ¿Estas pérdidas dónde quedan? Si socialmente el duelo por pérdida del bebé es prácticamente desconocido y no se respeta, no se comprende y las madres no nos permitimos transitarlo como cualquier otra pérdida de un ser querido, ¿Qué ocurre con estas pérdidas? ¿Y con los duelos que toda pérdida conlleva? ¿Dónde quedan esas pérdidas perdidas? Quién sabe…




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